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José Mª Ponce
La evolución del
cine pornográfico en España
En 1992 el porno español era sencillamente
inexistente. Había muerto casi diez años atrás,
como consecuencia de la denominada ley Miró, un decreto que
si bien suprimía la censura y regulaba la exhibición
de películas de arte y ensayo y las clasificadas X, establecía
tal cantidad de limitaciones al género que imposibilitaba
su expansión. La censura previa se sustituyó por una
censura económica e industrial, y privado del acceso a las
subvenciones, reducido el aforo de sus salas y limitadas sus posibilidades
de difusión (la ley impedía incluso que las salas
tuviesen un nombre), el cine para adultos español parecía
condenado a un guetto en el que era imposible sobrevivir. El porno
español, nacido demasiado tarde, murió demasiado pronto.
Sus últimos estertores hay que buscarlos en la obra de un
"outsider" como Jess Franco, a la sazón padre y
enterrador del cadáver, que despide oficialmente el celuloide
X con dos títulos de rancio sabor para los aficionados: Falo
Crest y Phollastía, ambas fechadas en 1987. A partir de aquí
un silencio roto sólo por esporádicos productos, realizados
ya en soporte magnético, entre los que cabe destacar “Regalo
de cumpleaños”, la humilde incursión en el género
del director Jaime Chávarri.
En palabras del fallecido Maurice Canet, director de Kitsch Producciones
y uno de los patriarcas del renacimiento del género, el periodo
comprendido entre el final de la década de los 80 y el comienzo
de los noventa sería el periodo del "agujero negro".
Pero las cosas empiezan a cambiar cuando Antonio Marcos, un inquieto
distribuidor madrileño (Top Club, X canal), compra en 1992
unos recortes caseros rodados en formato de vídeo doméstico
por José M, Ponce y protagonizados por María Bianco
y los lanza al mercado bajo el título de “Los vicios
de María”, cosechando un notable éxito de ventas
y poniendo fecha al renacer del género en nuestro país.
La inesperada buena acogida del producto anima al distribuidor a
convertirse en financiero y productor. A éste periodo corresponden
títulos como “Las fantasías eróticas
de Sonia”, “Cambio de parejas” y, sobre todo,
“La seducción de Sherezade”, todas fechadas en
1993, todas firmadas por José M. Ponce y todas grabadas en
formato doméstico.
La incipiente producción española tiene en el recién
creado Festival de cine erótico de Barcelona su escaparate
oficial y en las revistas “Hustler” y “Chic”
sus órganos de difusión. Bajo su tutela, nace Proyecto
X.
Nunca se supo a ciencia cierta en que consistía Proyecto
X. No era una productora, no era una agencia, no era una distribuidora,
no financiaba nada. Actuaba, si acaso, como una especie de promotora
en la que participaban diferentes profesionales (fotógrafos,
maquilladores, estilistas, diseñadores, etcétera)
unidos por el entusiasta objetivo de crear un star systen nacional.
A pesar de su anarquía interna y a lo difuso de sus metas,
Proyecto X cumple su función y se convierte en una auténtica
cantera de actores y actrices. Desde estrellas fugaces como Sonia
Vega, Alex Egea, Susana del Alba, Sherezade, Rebeca Dante, etcétera,
hasta figuras internacionalmente reconocidas en la actualidad como
Toni Ribas, Max Cortés, Sara Bernat o Nacho Vidal. Todos
los que han sido y son algo en el porno pasan en algún momento
de su carrera por ProyectoX. Paralelamente, una generación
de jóvenes periodistas vinculados al mundo del underground,
la contracultura o la prensa musical comienzan a reivindicar el
género sin ningún tipo de tapujos. Nacen así
los teóricos. Nombres como los de Manolo Valencia, Rubén
Lardín, Ramón Llubía, Marco A. Beviá,
Casto Escópico, Jordi Costa, Agustín Díaz o
Frank Lasecca defienden y promueven el género, a través
de publicaciones como “2000 Maniacos”, “Annabel
Lee”, “Cartelera Turia”, “Kiss Comix”
o “El País de las Tentaciones”.
En 1994, Kitsch Producciones da un nuevo paso adelante con la producción
de “Despedida de soltero” (José M. Ponce). Protagonizada
por María Bianco y Tara, la película no es sólo
el primer gang-bang del porno español, sino también
la primera cinta grabada en formato profesional. A esta iniciativa
le siguen, en la misma línea, “Venganza sexual”
(José M. Ponce), que significaría el debut de Toni
Ribas, y “Club Privado” (José M. Ponce). Ésta
última merece una atención especial, pues significa
un cierto punto de inflexión en la producción española.
Con “Club Privado” se profesionalizan definitivamente
las estructuras de producción y, aunque se recurre a actrices
extranjeras (Saphyr y Chanonne), se consolida un cierto star system
nacional, representado por María Bianco y Toni Ribas. Pero
la mayor y mejor contribución de la película a la
consolidación de la industria de nuestro país llega
de la mano de la televisión. El 1 de diciembre de 1995, Canal
+ emite “Club Privado” dentro de “La noche más
X” y, según fuentes de la propia emisora, duplica la
audiencia habitual del programa, cifrándola en más
de 400.000 espectadores.
Este hecho parece despertar el interés de otras empresas.
Así, la poderosa productora cinematográfica “Filmax”
rompe otra lanza a favor del producto autóctono con “Monjas
Atrapadas”, una película de Jesús Garay, director
de culto del joven cine catalán. Fisgón Club, una
empresa especializada en la compra y la comercialización
de películas caseras, se lanza al ruedo con dos películas
(“El placer de la venganza” y “Viciosas por vocación”),
firmadas por otro apellido ilustre de la cinematografía española,
José Antonio de la Loma Jr, Con estas cintas, además,
debutan en el género, Macarena de la Vega y Candela, ampliando
una nómina de intérpretes que ya empezaba a tomar
cuerpo, con nombres que muy pronto alcanzarían una fuerte
proyección. Oliver y María de Sánchez y Rebeca
Dante ya habían debutado con “Solas en la madrugada”
y “Terapia de grupo”, ambas producidas por Filmax, dirigidas
por Ponce y fechadas en 1996. Poco después se les añadirían
Eva Morales y Max Cortés.
En 1996, International Film Grup, que ya había hecho sus
pinitos en el campo de la producción con “Torero”
(Joe d´Amato, 1995) produce en nuestro país “Salomé”,
y aunque contrata a un director italiano, la película se
graba con un equipo técnico íntegramente español.
La cinta, protagonizada por una rutilante María de Sánchez,
convertida ya en nuestra actriz más internacional, incorpora
también, en papeles secundarios, a algunos de los nombres
más prometedores del star system nativo, con Ramón
Guevara (Ramón Nomar), a la cabeza. Entre los casi anónimos
soldados de la guardia pueden descubrirse los rostros de Toni Ribas
y Nacho Vidal
Salomé inaugura también un estilo de producción
típico de IFG, que tendría continuidad con “Showgirls
en Madrid” (José M. Ponce, 1996) protagonizada por
la legendaria Nina Hartley, el prometedor Hakan Joel, la intermitente
Eva Morales y el ascendente Toni Ribas.
Durante 1997 y 1998 se produce un periodo de consolidación
industrial y profesional sobre el que, sin embargo, es difícil
establecer una cronología. Muchas películas que ven
la luz a finales del 98, por ejemplo, se habían rodado un
par de años antes. De esta época son algunas producciones
independientes como “Doctora Carmen, sexóloga”
o “Tiffanys, el placer de Barcelona”, ambas dirigidas
por Juan Colveras y distribuidas por “Fisgón Club”.
Poco después, Antonio Marcos volvería a la carga produciendo
a Antonio Mayans (un actor y productor, habitual en la pandilla
del viejo tío Jess, es decir, de Jesús Franco) “Detectives
del placer”, un thriller mediterráneo que contaba con
Sara Bernat y Candela como principales protagonistas, junto a un
emergente Nacho Vidal. En el equipo de esta película, en
tareas de producción, aparece Ángel Mora, un joven
director, autor de un largo en 35mm (Selva Roja), que debutaría
poco después en el campo de la dirección de películas
X con “Gorex”, inaugurando así un peculiar estilo
en el que mezcla con desparpajo terror de serie B con sexo explícito.
Por esta época, llega a nuestro país una joven tímida
e inexperta, que poco después respondería al nombre
de Sophie Evans, al debutar en dos pequeña producciones de
la serie “Olé tus vicios”, tituladas “La
revista erótica” y “Juegos de parejas”
A finales de 1997 se rueda “Perras Callejeras”, una
ambiciosa película, producida por IFG y dividida en dos partes,
que marcaría una especie de punto y aparte en la producción
nacional.
Con un holgado presupuesto y un casting irrepetible (María
de Sánchez, Eva Morales, Candela, Sophie Evans, María
Bianco, Nacho Vidal, Toni Ribas y Max Cortés), con dirección,
otra vez, de José M. Ponce y con una producción ya
muy profesionalizada, “Perras callejeras” y su segunda
parte “La Venganza de Johnny” dejaron claro que el porno
español había alcanzado un nivel competitivo y que
se aproximaba, cada día más, a países como
Francia o Italia, con mucha más tradición en el género.
Pero también se c cierra un ciclo marcado por el crecimiento
y un cierto optimismo. Los tiempos estaban cambiando.
Corría 1998 y la vieja guardia comienza a replegar las velas.
Empiezan las deserciones. A las fugaces, Macarena de La Vega y Rebeca
Dante, retiradas tiempo atrás, se suman María Bianco,
primero, Ponce, después, poco más tarde Candela y,
finalmente, María de Sánchez.
Se produce un inquietante estancamiento, pero con una inesperada
vitalidad, el porno español demuestra tener capacidad de
reciclaje y de renovación. El impulso necesario llega de
la mano de la producción independiente.
Jaume Artigues, un joven e inquieto empresario catalán se
aventura a producir un guión de Marco A. Beviá. Juntos
consiguen implicar a Julián Hernández, emblemática
figura del rock y líder del grupo Siniestro Total. La realización
se la encargan a Narcís Bosch, director crecido y amamantado
a la sombra del festival de Barcelona. El resultado es “Caspa
Bros, the movie”, una gamberrada fresca e ingeniosa, de estética
moderna y sexo agresivo, que supone una bocanada de aire fresco
en el rígido panorama del momento. A pesar de su inteligente
planteamiento y su estilo novedoso, “Caspa Bros, the movie”
no alcanzó el reconocimiento que merecía. Al tratarse
de una producción independiente, al margen de las distribuidoras
habituales, la cinta tardó demasiado tiempo en ver la luz
y, cuando lo hizo, sus beneficiosos efectos ya se habían
diluido.
La intentona, no obstante, sirvió para que Narcís
Bosch iniciase su brillante, original y muy personal carrera de
director y para que Artigues y su empresa “Caspa Producciones”
lo volviesen a intentar con Vampira (Ángel Mora, 1998), otro
ejemplo de cine porno de calidad, crecido a la sombra de la independencia.
De este periodo y en la misma línea independiente, resulta
obligado citar “Angel de Noche”, la primera y hasta
ahora única película de la realizadora Tatiana Lies,
y la incursión de Antonio Marcos, bajo el seudónimo
de Anton Frames, en las tareas de dirección con el porno
westwrn “Por un puñado de polvos”.
Por ésta época, en pleno proceso de transición,
entra en escena Conrad Son. Contratado como director de marketing
de IFG, Conrad dejó claro muy pronto que el cargo le venía
pequeño e inició un ambicioso plan de producción
que culminaría con la serie de “La pandilla X”
(1998), primero, “La follera mayor”(1998), después
y Nikita X(1999) al final. Ambicioso, inquieto, maestro de la promoción,
Conrad no duda en independizarse y crear su propia productora “Conrad
Son Company” con la que reivindica el cine porno en catalán
y con la que adquiere inusitado protagonismo mediático. A
este periodo corresponden “Las excursionistas calientes”
y “Kathar”. Sin embargo, otra vez, las dificultades
de distribución de las productoras independientes hace que
una buena parte de su trabajo permanezca inédito.
Al filo ya del cambio de milenio, la producción española
crece notablemente. La aparición de modernas, ligeras y automáticas
cámaras digitales, propicia el aumento de las producciones
de bajo presupuesto. Ha nacido el gonzo, un género que en
España tiene a Interselección como productora de bandera.
La firma catalana, que ya daba guerra en 1976 bajo la firma de “Pubis
Films”, lanza al mercado un montón de películas
de sexo puro y duro dirigidas por Narcís Bosch, Paco Martín
o Alex Romero. Títulos como “Mujer madura la busca
dura” (N. Bosch, 1999), “Las cuatro cerditas”
(Paco López, 2001) o “Noches de vicio en Barcelona”
(Pedro Ortiz, 1999), ilustran sobradamente un subgénero que
tiene en el joven Álex Romero y en su serie “Angelmanía”
(A. Romero, 2001) su mejor exponente.
A nuevos realizadores, nuevos cuerpos. Tavalia Griffin, Alba del
Monte, Carmen Vera, Denise Alabama, Vanessa Marlow y Cynthia Brons,
y Celia Blanco (la más reciente adhesión), llenan
el hueco dejado por las veteranas retiradas y reclaman su sitio
en el olimpo del porno, en ocasiones, con notable éxito internacional.
La travesía del desierto parece haber terminado.
El regreso de María Bianco al género, ahora en calidad
de productora ejecutiva, propicia una hornada de películas
producidas bajo el paraguas de IFG y marca uno de los periodos más
brillantes de la producción nacional. María rescata
a veteranos como Ángel Mora (“Vampira 2”, 1999),
José M. Ponce (“Vivir Follando”, 2000 y “Gothix”,
2001), incorpora a nuevos realizadores como Dani Rodríguez
(Expediente sex, 1999), “El limbo y los culos según
José”, 2000) y propicia el reconocimiento de Narcís
Bosch (“Taxi-Hard”, 1998 y “Bulls&Milk”,
2000). Ella misma, que ya había realizado la cinta amateur
“María Bianco, directora de porno”, se pone tras
la cámara para dirigir un episodio de “Four Sex Rooms”.
Avalada por los éxitos internacionales de este paquete de
películas, la Bianco cierra este nuevo ciclo con la producción
para la poderosa multinacional Private de “Faust, the power
of sex” (José M. Ponce, 2002), hasta la fecha la última
gran superproducción española.
Es difícil predecir el futuro del porno español. Durante
estos diez años ha ido creciendo a fuerza de empujones y
ha estado sometido a periódicos movimientos pendulares. La
constante evolución tecnológica está posibilitando
el nacimiento de nuevos géneros y estilos. Ahora, la moda
es que los actores sean sus propios directores y que el producto
llegue al consumidor directamente y sin intermediarios. Ahí
están para demostrarlo los recientes trabajos firmados por
Nacho Vidal (Killer Pussy, 2001), Toni Ribas (Exxxhibition, 2001)
o Máx Cortés (El mundo salvaje de Max, 2001). Pero
las fórmulas creadas al amparo de la revolución digital
y cibernética (el gonzo, los castings, etc.) parecen sufrir
un agotamiento irreversible. Huele a crisis, pero habrá que
esperar. Al fin y al cabo, de peores hemos salido.
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